Sorprendentes historias hemos conocido con los atletas que participaron en los Juegos Paralímpicos de Río, pero la historia de Mónica Santos, la atleta que representó a Brasil en esgrima, realmente es de película y es que esta valiente mujer, fue diagnosticada con angioma medular cuando apenas tenía 18 años. Pero además de su terrible enfermedad, la mujer estaba embarazada de su primer bebé. Aunque los médicos le explicaron a ella que, de no operarse, estaría expuesta a quedar en silla de ruedas por el resto de su vida, ella no vaciló en negarse a ser operada en ese momento, porque no quería perder a su primogénito. Después del alumbramiento, la madre fue intervenida quirúrgicamente, pero ya era demasiado tarde, ella quedó parapléjica, aunque podría haber sido peor y haber quedado tetrapléjica. “Creo que Dios me compensó por no haber matado la semillita que tenía en mí”, asegura. “Creo que Dios me compensó por no haber matado la semillita que tenía en mí”, asegura. Antes de quedar embarazada, Mónica practicaba varios deportes. Ahora, ha participado en sus primeros juegos paralímpicos, celebrados en su país, siempre en honor a su hija, llamada Paola, quien ahora tiene 13 años. Aunque se marchó de Río sin ganar un solo duelo y sin medalla. Su mejor premio, dice, es su hija quien no paraba de besarla tras sus actuaciones.

Sorprendentes historias hemos conocido con los atletas que participaron en los Juegos Paralímpicos de Río, pero la historia de Mónica Santos, la atleta que representó a Brasil en esgrima, realmente es de película y es que esta valiente mujer, fue diagnosticada con angioma medular cuando apenas tenía 18 años. Pero además de su terrible enfermedad, la mujer estaba embarazada de su primer bebé. Aunque los médicos le explicaron a ella que, de no operarse, estaría expuesta a quedar en silla de ruedas por el resto de su vida, ella no vaciló en negarse a ser operada en ese momento, porque no quería perder a su primogénito. Después del alumbramiento, la madre fue intervenida quirúrgicamente, pero ya era demasiado tarde, ella quedó parapléjica, aunque podría haber sido peor y haber quedado tetrapléjica. "Creo que Dios me compensó por no haber matado la semillita que tenía en mí", asegura. "Creo que Dios me compensó por no haber matado la semillita que tenía en mí", asegura. Antes de quedar embarazada, Mónica practicaba varios deportes. Ahora, ha participado en sus primeros juegos paralímpicos, celebrados en su país, siempre en honor a su hija, llamada Paola, quien ahora tiene 13 años. Aunque se marchó de Río sin ganar un solo duelo y sin medalla. Su mejor premio, dice, es su hija quien no paraba de besarla tras sus actuaciones.

Sorprendentes historias hemos conocido con los atletas que participaron en los Juegos Paralímpicos de Río, pero la historia de Mónica Santos, la atleta que representó a Brasil en esgrima, realmente es de película y es que esta valiente mujer, fue diagnosticada con angioma medular cuando apenas tenía 18 años.
Pero además de su terrible enfermedad, la mujer estaba embarazada de su primer bebé. Aunque los médicos le explicaron a ella que, de no operarse, estaría expuesta a quedar en silla de ruedas por el resto de su vida, ella no vaciló en negarse a ser operada en ese momento, porque no quería perder a su primogénito.
Después del alumbramiento, la madre fue intervenida quirúrgicamente, pero ya era demasiado tarde, ella quedó parapléjica, aunque podría haber sido peor y haber quedado tetrapléjica. “Creo que Dios me compensó por no haber matado la semillita que tenía en mí”, asegura.
“Creo que Dios me compensó por no haber matado la semillita que tenía en mí”, asegura.
Antes de quedar embarazada, Mónica practicaba varios deportes. Ahora, ha participado en sus primeros juegos paralímpicos, celebrados en su país, siempre en honor a su hija, llamada Paola, quien ahora tiene 13 años.
Aunque se marchó de Río sin ganar un solo duelo y sin medalla. Su mejor premio, dice, es su hija quien no paraba de besarla tras sus actuaciones.

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